No me gustás avergonzada,
en la puerta de tu infancia,
ahora detrás del pino que me espiás.
Cruzo la mirada,
porque me das vergüenza,
,tan atrevida,
tan
descomunalmente confianzuda,
a veces tan sola,
tan vestida de necesidad.
Invadís todo con tu sonrisa pegajosa,
tu sutil humor y belleza casi convencional.
Por eso cruzo de vereda y de calle.
Te veo mirando esas casas grandes,
a las mujeres extremadamente delgadas con sus cabellos de
seda y pechos de espalda o de góndola de estética,
y me das vergüenza.
Como cuando te escondías en los asaltos porque él no te
miraba
y vos eras rosa y rojo siempre,
pero a él le gustaba el beige,
aunque después se rió con tus rojos,
pero prefirió los pasteles,
esos, como los frentes de las casas de la revista de la
mesita del té.
¿cómo me pedís que te agarre la mano?
Que te vea
Que te acepte
Que te quiera
Si muerdo la sutileza para que no se me caiga,
Si nadie se da cuenta que
babeo cuando inhalo,
y aúllo las miradas.
Que quiero ser beige, pero me asaltás a todas horas y me
poseés.
Nunca voy a ser esa mina zen, si soy beige de a ratos,
roja y rosa... ¿entendés?
Pero te extraño cada tanto
y te salgo a buscar.
Es eso,
"No sos vos,
soy yo". Perdoname Nena.
Vení.
Andás perdida otra vez.
No te asustes.
No llores.
No quise este espasmo de invierno,
¿o sí?
Tenés razón,
no somos beige, somos rojo y rosa.
Miralo,
pero míralo fijo.
Reíte Nena, reíte.
No sabe lo que se pierde.
Vamos nena, vamos...
Yo te cubro.
Reíte Nena,
reíte como loca.
Gritá Nena,
Y corramos, que la gente ya se empieza a dar cuenta.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario