lunes, 13 de mayo de 2019

Me piden palabras en racimos turgentes mientras llegan las estaciones del silencio y caen al suelo, inerte y calmo, las ideas y recuerdos de la juventud.
Los álamos han decidido formar fila al costado del camino y sonríen cómplices de mis párpados relajados. ¿Habrán llegado los años del sosiego?
La mañana me trae el sol y el contorno de mi mano festiva de mates que saben a yerba buena... y de pronto nos visita. Salvaje, inoportuna... ¡Indeseable!
Siempre indeseable...

Al final del camino, la muerte tiene siempre tu mirada. Tus lunares lejanos; tus manos de me voy, de hasta pronto, nos vemos; la estrella brilla por vos.
La noche me trae la despedida y el ojo embebido.
Habrá que limpiar la escena. Avivar los recuerdos... llorarte mientras otros cueros te visten, y otras flores se inclinan para leer la nómina de nuestros amores.
Cruel la vida, cruel la muerte. Silencio que se vuelve calma con los años. Nudo rojo que me trago mientras te consumís, entre besos, risas y vasos de vino tinto.
Mis mustias palabras que te regalo mientras se me apagan las esperanzas, los sueños y las utopías...