lunes, 1 de julio de 2019

SOLITARIA TRISTEZA MÍA...

A veces estoy con esa tristeza de vivir...
A veces los amigos me alcanzan para llenar rascacielos y, a veces, los apilo mutilados, los enaltezco para contemplarlos en la mismidad. Inútiles, obsoletos, ciegos cuerpos lejanos...
Mi soledad tiene muchas horas de miradas al patio en otoño, de desayunos y meriendas con Dios, y de noches con el Diablo.
A veces estoy atenta a todo y nada. Esperando la invasión  periódica de la pena, que es la nada, más  el sinsentido, los celos, la envidia, el odio y el frío de Dante, todo así, tan hecho puchero.
A veces recobro la esperanza y fantaseo con que vienen a recoger mi pena con alquimias y entonces rompo la mordaza y le hablo al mundo de mí... pero me arrepiento. Porque a veces echo polvo de estrellas en agujeros negros,  y el horror me repliega.
A veces...
... a veces vuelvo a soñar con ser feliz, y tal vez sea eso... que a veces estoy tan triste, que hasta parezco viva.

lunes, 13 de mayo de 2019

Me piden palabras en racimos turgentes mientras llegan las estaciones del silencio y caen al suelo, inerte y calmo, las ideas y recuerdos de la juventud.
Los álamos han decidido formar fila al costado del camino y sonríen cómplices de mis párpados relajados. ¿Habrán llegado los años del sosiego?
La mañana me trae el sol y el contorno de mi mano festiva de mates que saben a yerba buena... y de pronto nos visita. Salvaje, inoportuna... ¡Indeseable!
Siempre indeseable...

Al final del camino, la muerte tiene siempre tu mirada. Tus lunares lejanos; tus manos de me voy, de hasta pronto, nos vemos; la estrella brilla por vos.
La noche me trae la despedida y el ojo embebido.
Habrá que limpiar la escena. Avivar los recuerdos... llorarte mientras otros cueros te visten, y otras flores se inclinan para leer la nómina de nuestros amores.
Cruel la vida, cruel la muerte. Silencio que se vuelve calma con los años. Nudo rojo que me trago mientras te consumís, entre besos, risas y vasos de vino tinto.
Mis mustias palabras que te regalo mientras se me apagan las esperanzas, los sueños y las utopías...

domingo, 20 de enero de 2019

Aldaba


Para responder a tu duda,
dejo la aldaba a la vista del camino,
El sendero es estrecho y largo.
Brilla con el sol del ocaso entre la espaldera de álamos.
Debés  saber que puedo ser un jardín o un tornado.
Podría dejarte entrar.
Adormecerte con el murmullo del viento entre la ligustrina de mi laberinto.
Rodearte con mis piernas de sándalo y mirra hasta hacernos uno en humo y alma.
Podría entrar y devastarte,
¡Qué más daría la desolación del mundo!
Arrojar cuerpos por las rutas y ciudades.
Sufrir amnesia.
Echar  humo y viento hasta tus entrañas.
Morir en tu boca hecha tornado.
Chupar la savia sagrada del  epicentro…

podría morir allí,
podría…

El viento sopla y la aldaba resuena,
Me escondo.
Ya oigo tus pasos…