dejo la aldaba a la vista del camino,
El sendero es estrecho y largo.
Brilla con el sol del ocaso entre la espaldera de álamos.
Debés saber que puedo
ser un jardín o un tornado.
Podría dejarte entrar.
Adormecerte con el murmullo del viento entre la ligustrina
de mi laberinto.
Rodearte con mis piernas de sándalo y mirra hasta hacernos
uno en humo y alma.
Podría entrar y devastarte,
¡Qué más daría la desolación del mundo!
Arrojar cuerpos por las rutas y ciudades.
Sufrir amnesia.
Echar humo y viento hasta
tus entrañas.
Morir en tu boca hecha tornado.
Chupar la savia sagrada del epicentro…
podría morir allí,
podría…
El viento sopla y la aldaba resuena,
Me escondo.
Ya oigo tus pasos…

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