Las mujeres tejen. No sé si los hombres tejen. Los de infancias de faldadas tal vez lo hagan. Pero las mujeres tejen y ovillan en hebras, vidas y sueños. A veces también se ovillan en soledad. Se ovillan por alados o satánicos seres; se ovillan por ovillitos perdidos, por la madeja que fueron y por los nudos que no vuelven.
Pero es sabido que la mayoría de las veces se desovillan porque les hiela la humanidad del mundo. Eso y porque, secretamente, algunas esperan que que lleguen las manos que las sepan tejer.
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